No sabemos si llamar a este sitio un restaurant, un bar de tapas, una discoteca privada o el mejor sitio para desayunar tarde en lisboa.
Lo cierto es que el local está divertidamente decorado con exposiciones (pequeñas) permanentes e intermitentes. El local fue decorado por artistas gallegos, y vaya que lo hicieron bien: hay suficiente luz para degustar los platos y la suficiente poca luz para hablarle en susurros a tu chic@.
Según quienes hemos comido aquí la calidad es excelente. Lo cierto es que es un buen lugar para despertar un día con resaca y arrastrarse hasta el lugar para degustar un glorioso brunch (breakfast + lunch = desayuno tardío) lisboeta con unos huevos revueltos (ovos mexidos en portugués, aunque a preocuparse poco, porque en en local hablan español) con salmón. O quizás venir de noche, comerse unas tostadas a modo de tapas y conversar. O tal vez soñar todo el día con las sopas o cremas que aquí se inventan y terminar el día con alguno de los postres famosos del sitio: torta de chocolate malvada, crumble caramelizado de manzana, o panna cota de cardamomo. mmmmm. Me voy al Arcaz Velho.
Los que han ido no parar de hablar de un extraño coctel-gelatina verde a base de vodka Zubrowska que aparentemente cae muy bien en las mentes que buscan aventuras etílicas en la capital.
Estación de metro más cercana: Santa Apolónia (al final de la línea azul, a dos estaciones de Baixa-Chiado). Es ridiculamente cerca, aunque hay que subir una colina bastante empinada.
Dirección: Calçada do Forte, 56.
Precios: por persona 5 – 20 euros, dependiendo de a qué se vaya.
Horarios: 12:00 a 02:00




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